Esta semana pasada hemos vivido un duro revés dentro del colectivo trans. El actual presidente en funciones del Gobieno de España, Don Pedro Sánchez, ha hecho caso omiso a las peticiones de la Confluencia Trans (un grupo de asociaciones por y para las personas trans) y no contemplará la posibilidad de una Ley Trans Estatal. Básicamente, pretenden limitarse a elaborar una reforma administrativa de la norma 3/2007, que recordamos NO es una ley trans o de identidad de género propiamente dicha. Desde la Confluencia Trans se están haciendo muchos esfuerzos para revertir esta situación pero ¿y donde están los colectivos LGTBIQ+? ¿Como es que ninguno ha salido al apoyo del colectivo más marginado dentro de sus siglas? ¿Será que a lo mejor no les interesa realmente la T?

Muchas personas no estarán de acuerdo con la anterior afirmación, pero, ¿hasta qué punto podemos tener razón o estar cayendo en un error? Eso es una opinión personal, y en ocasiones, algo que se podría hasta llegar a debatir, pero no podemos obviar una serie de hechos que vemos a diario en nuestra realidad.

Está claro que no se pueden cubrir todas las necesidades del colectivo Trans* de un solo tirón, pero, ¿hasta qué punto este tipo de asociaciones intenta luchar por lograrlo? Si quieres saberlo, ¡sigue leyendo!

Ante todo, decir que hablo, no desde el amparo de ningún tipo de institución, sino desde la pura experiencia personal. Soy consciente de que mucha gente va a estar en desacuerdo con este artículo, y de antemano, quiero invitaros a participar, después de haber leído, mediante la caja de comentarios o el botón «contacta» del que disponemos en el menú. Ahora, sin más, empezamos.

Hay cosas que ciertas personas no están dispuestas a hacer

A lo largo de mi experiencia en el colectivo LGTBIQ+ en el que he tenido ocasión de participar, así de otros con los que he tenido la ocasión de colaborar o a los que he visto actuar, he podido apreciar un conjunto de luchas increíblemente absurdas, a la par que necesarias. Absurdas, porque no tendrían ni por qué hacerse, ya que hablamos de derechos humanos, cuando hablamos de derechos LGTBIQ+. Sin embargo, ciertas personas necesitamos un tipo de «trato especial», por decirlo de forma burda y coloquial.

¿Qué personas, y qué trato especial? Las personas Trans*. Los tratos «especiales» que necesitamos, que requerimos, no son otros que derechos sencillos, como el de que no me echen de un baño correspondiente a mi género solo porque éste no me fuese asignado al nacer. Eso, hay personas que lo consideran un trato especial, pese a ser un derecho como cualquier otro, algo normal, e incluso, lógico.

Los derechos Trans* son derechos humanos.

Y eso es lo que queremos defender aquí. Los colectivos LGTBIQ+, generalmente no están centrados en la «T», sino en la «L» y la «G». Se centran en derechos como el matrimonio igualitario, o la protección en casos de violencia por delitos de odio, entre otros muchos asuntos. Y desde los colectivos LGTBIQ+ se lucha también fervientemente en pos del feminismo. Pero, ¿qué pasa con la «T»? Que está olvidada. Sí, se cuidan ciertos detalles, algo muy por encima, pero nada especialmente importante. Hablamos, por ejemplo, de cuando se olvida al rango de personas que conforman la edad de entre treinta (30) y sesenta y cinco (65) años.

«Los niños y los mayores son nuestra mayor prioridad»

Esta frase la he escuchado mucho últimamente. Está genial, no me malentendáis, que se luche por los derechos de las personas menores de edad de este oprimido colectivo, así como por las personas mayores. Pero no podemos olvidarnos del resto. Las personas que conforman ese «rango» de «jóvenes adultes» tienen ciertas necesidades también. Tanto mi pareja como yo nos hemos encontrado problemas para cambiar, por ejemplo, nuestras titulaciones escolares. De hecho, aún no hemos podido, ya que según nos informan, no hay un protocolo para personas que han cambiado de nombre después de obtener la titulación.


¿No se supone que tenemos el deber de actualizar todo?

Si logras cambiar de nombre siendo menor, y justo antes de tener tu primer título escolar, estupendo, pero, ¿entonces, nos tenemos que aguantar el resto de personas sin poder cambiar una documentación que debemos cambiar?

Ahora, pasemos a otro tema: hogares o refugios sociales. Dentro del colectivo LGTBIQ+ hay personas en toda clase de riesgos ante posibles violencias. Sí, pueden haber agresiones homófobas, o tránsfobas, entre otras muchas. Y la gran pregunta es, ¿por qué estas asociaciones, pese a sus subvenciones de gobiernos, pese al apoyo que reciben de diversas personas e instituciones, y pese a la vulnerabilidad de sus miembros, no intenta ofrecer este tipo de ayudas?

Si eres menor de edad, es muy posible que, si tienes problemas en casa, puedas denunciar y puedas ir a algún hogar de acogida, gracias a las leyes del menor, o si eres una mujer cis, puedas acceder a refugios para mujeres maltratadas, gracias a la ley de violencia de género o doméstica. Sin embargo… ¿Qué pasa si eres una persona Trans*, fuera de la niñez?

Lo que ocurre, es NADA.

Literalmente, nada. A no ser que tengas una muy avanzada edad y puedas solicitar algún tipo de ayuda por eso, lo cierto es que entre los dieciocho (18) y los sesenta y cinco (65) años, estás en el más absoluto desamparo, porque no hay ninguna ley ni asociación, ni institución, que pueda ayudarte. Las mujeres trans, tenemos muchos problemas para acceder a un hogar de mujeres maltratadas. Los hombres trans, obviamente no pueden acceder. Las personas no binarias, están en un limbo legal fantasma, como siempre. Y así, con todo el resto del colectivo Trans* dentro de su enorme rango de realidades.

En las asociaciones LGTBIQ+ españolas, pocas o ninguna tratan el posible embarazo de personas trans. Es una realidad que no interesa.

Estas, entre muchas otras cosas, las podemos reclamar. Reclamar a esas asociaciones LGTBIQ+ que no piensan en una parte importantísima de su colectivo. El colectivo Trans* es, con mucha diferencia, uno de los más destacables en cuanto a tasas de desempleo, prostitución, o suicidios. Somos un colectivo dañado, herido, que constantemente está en lucha y constantemente está siendo excluido de todas partes.

Hemos podido comprobar que incluso en ciertas asociaciones y ciertas personas, se quiere eliminar la «T» del colectivo. Que no formamos parte de ello. Pero no es así. Y por eso, tenemos que andarnos con ojo. ¿Quién va a, con estudios y estadísticas reales por delante, a negar que somos, sin duda, la parte que más ayuda necesita? ¿Y quién va a negar también, que somos la parte más olvidada?

Existen muchas asociaciones LGTBIQ+ que amparan grupos «feministas» de mujeres lesbianas que son transexcluyentes. Lo peor es que, cuando muestras como son en realidad, la «buena imagen» y las subvenciones puede más que las personas trans.

Hay cosas que no se deben permitir

Miles de personas Trans* a lo largo de todo el mundo, sufren la mala información que se da desde estas asociaciones, no sabiendo en muchos casos, cómo guiar a las personas Trans*, o cómo ayudarlas. Nos olvidan hasta quienes deberían estar de nuestro lado.

Como ya os he dicho antes, mi pareja y yo estamos teniendo problemas para cambiar el nombre del título. Todavía estamos esperando la llamada, desde hace meses de «nuestra asociación» para que nos ayuden con este trámite. Sin embargo, une miembro de la junta directiva de dicho colectivo, no solo ha podido cambiar su nombre en el título, ¡sino que ha logrado que le quiten el tratamiento! Pero eh, aquí seguimos, esperando, porque siguen sin saber qué podemos hacer y sin querernos informar (porque claro ha quedado ya, que informados, están).

Conozco muchas asociaciones LGTBIQ+, las cuales pecan de, exactamente, el mismo problema. Casi todas ellas, recibiendo subvenciones y ayudas de sociedades mayores o el propio gobierno. Sin embargo, asociaciones Trans* que hemos podido encontrar y con las que hemos podido tratar, pese a no tener ninguna de esas ayudas, subvenciones, recomendaciones o las mismas medallas que la prensa cuelga a las asociaciones LGTBIQ+ (medallas que estas mismas asociaciones se cuelgan, aunque no les pertenezcan), han hecho más por la causa Trans* de lo que hemos visto hacer a nadie más.

Hablo de asociaciones que se centran, por ejemplo, en la infancia Trans*. O en las personas Trans* en general. O en otros tipos de público Trans*. Asociaciones completamente concienciadas de lo que está pasando, muchas veces, creadas y gestionadas por gente Trans, para gente Trans.


Todo para el pueblo, pero sin el pueblo

Es muy fácil colgarse medallitas al pecho, y decir que se han logrado muchas cosas, pero, ¿quién ha luchado realmente por esas cosas? Os aseguro que los que menos ficha han movido por las personas Trans*, son estas asociaciones LGTBIQ+.

Desde éstas mismas, he podido comprobar de primera mano el abuso de las asociaciones. El abuso de, pese a estar recibiendo ese dinero, no hacer nada útil con él. No contratar gente para lo que tienen que hacer, sino constantemente, andar en la búsqueda, uso y explotación de voluntariado. Cosas, como por ejemplo, no conseguir un hogar social para las personas más desamparadas del colectivo. Cosas, como mover gestorías o juristas para luchar por los derechos y cambios de documentaciones de las personas Trans*.

Cuando no estuvimos conformes, nos dejaron de lado.

Y eso es lo que han hecho con todo el voluntariado que alguna vez hemos visto alzar la voz para mostrar la disconformidad con las cosas que se estaban haciendo en el mismo, con los abusos que se estaban cometiendo, aunque no entraré en mayores detalles, pues no vale la pena.

Hace no mucho, estuve en una fiesta del Orgullo, donde se hizo, por supuesto, una «cabalgata», donde un grupo activista Trans* decidió, pese a las quejas de algunas personas que estaban allí, gritar una consigna que me pareció curiosa, interesante, y que se debería poner en práctica.

«¡Menos orgullo, y más derechos!»

Porque eso es lo que necesitamos. Menos frases como «eh, te tiene que dar igual lo que piensen los demás», y más derechos para nuestra vida. Derecho a poder tener un hogar cuando no tengamos dónde vivir, cuando nos echen de nuestras casas por pura transfobia. Derecho a tener una información decente acerca de cómo tramitar todas nuestras cosas. O derecho a poder ser nosotres mismes sin que nadie tenga el poder de juzgarnos o echarnos de nuestro baño. Derechos. En general. Porque si hago una lista, podría no terminar nunca.

Cierto es que hay asociaciones Trans*, dedicadas solamente a personas Trans*, y aunque son pocas y casi invisibles, os animamos a probar suerte con ellas antes incluso que con asociaciones LGTBIQ+ en general, ya que al final, nos acabarán olvidando.

Nuevamente, os invitamos a participar activamente mediante la caja de comentarios, y dado que es un tema que podría generar debate, queremos pedir también respeto. También podéis participar mediante el botón «contacta» del menú. Espero que os haya gustado esta entrada, que aunque es larga, creedme, muy corta creo que ha quedado. ¡Tened un día genial!

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